El positivista August Comte desarrolló en el siglo XIX lo que serían los fundamentos de una física social. Según él, sería posible elaborar una ciencia de la sociedad basada en los hechos objetivos y cuantificables. Desde entonces y hasta ahora los analistas sociales son conscientes que los hechos sociales, tienen una percepción subjetiva y en ocasiones son difíciles de cuantificar.
¿Cómo mesurar la incertidumbre, uno de los principales elementos que juegan como factor determinante en muchos procesos sociales? ¿Cómo poder establecer un punto de partida desde el que poder preveer lo que se nos muestra imprecedible? La prospectiva es el resultado de este ejercicio para avanzarse al futuro, preveyendo cuáles pueden ser los escenarios posibles.
Nuestros responsables políticos están decididos a combatir la incertidumbre mediante la aportación de instrumentos preventivos. Los temores surgidos tras el 11-S han activado esta lógica preventiva, cuyo balance sincero nos llevaría a ver cómo ha servido para restringir nuestras libertades colectivas. Ante la incertidumbre, se suele decir, hemos aceptado restricciones en favor de protección. El principal problema es que al vivir atrapados por nuestros pánicos sociales frente a lo que es considerado como una amenaza potencial, reaccionamos de manera poco racional, tal como nos recuerda Zygmunt Bauman.
¿Cuál es el coste de la prevención de la incertidumbre? Podríamos responder, que todo el que sea necesario para evitar los riesgos que se vislumbran. En la definición de esta necesidad es donde debemos centrar nuestra atención. Planteemos algunos ejemplos: si se observa que la calle vuelve de nuevo a ser un espacio de protesta, incluso violenta, la opción más natural sería comprar más material antidisturbios. Si los flujos migratorios son un fantasma incontrolado, debe reforzarse la frontera sur europea para mejorar su gestión. Si la convivencia social se precariza aún más debido a la crisis, se culpabiliza a los inmigrantes por su defecto de integración, subiendo el listón de la misma fuera de su alcance, y amenazándoles con la expulsión.
Todos estos argumentos forman parte de muchos discursos políticos en nuestro país, que en virtud de intentar superar esa incertidumbre nos conducen a certezas cuestionables desde muchos puntos de vista. Es preocupante pensar que en un momento de crisis económica y social desbocada, algunos discursos políticos sigan apelando al miedo como forma de superar la incertidumbre. Las sociedades temerosas se convierten en dóciles y fáciles de manejar. Sólo es necesario sacudir los espantapájaros de tanto en tanto. Y ello tiene un coste social mucho más profundo que el económico.
Jordi Moreras Centre de Recerca en Governança del Risc -UAB
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